Diario de una vida

Vivir con miedo

Son las dos de la madrugada. Debería estar durmiendo, pero no puedo evitar estar despierta en al profundidad de la noche. Disfruto el silencio que embarga la oscuridad. Es en este momento cuando todos mis pensamientos van tomando forma. Empiezo a ver la cosas con más claridad a pesar del manto negro que me cubre. Es la soledad, esa soledad que de día odio sentir, es la que en cuanto la noche emerge desde sus profundidades, me encanta disfrutar. Puede sonar contradictorio, pero es que yo misma soy pura contradicción. Creo que ese es mi lastre, y la fuente de todas las situaciones que puedan darse en mi vida.

 

Al final es inevitable caer rendida en un sueño reparador, que a veces resulta aterrador. Cuando finalizada la noche comienza un nuevo día, y toca emprender la marcha, justo en el mismo instante en el que las notas de la melodía que componen el timbre de mi despertador, hacen que vuelva a la realidad, es justo en ese instante cuando un terror inexplicable me embarga. Siento estremecer todo mi cuerpo, que se traduce en un temblor. El pánico de no saber vivir la vida, el miedo a qué algo malo ocurra, que algo malo me ocurra, y no poder afrontarlo. Así son mis días. ¿Entendéis mi miedo? Aún así, me levanto, y reúno las fuerzas necesarias para poder sobrevivir a ese día. Claro que con mi minorada autoestima, cualquier minúsculo incidente, minan esas fuerzas que por una vez más he de volver a rescatar de algún rincón de mi alma.

 

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